
En un mundo que celebra lo extraordinario, lo urgente, lo viral, hemos olvidado el valor de lo ordinario. Un mensaje que no llega. Un día sin sobresaltos. Una semana sin crisis. Eso no es aburrimiento. Es bendición. Porque en el silencio de lo cotidiano, late la vida en su forma más auténtica.
La tiranía de la novedad
Vivimos en la era de la “novedad obligatoria”. Si no hay drama, no hay historia. Si no hay logro, no hay valor. Si no hay noticia, no hay atención. Pero la vida real no ocurre en los titulares. Ocurre en los márgenes: en los días en los que todo funciona, en los momentos en los que nadie llama porque no hay emergencias, en las horas en las que simplemente estás.
No tener noticias no es vacío. Es plenitud disfrazada de calma.
El privilegio de la estabilidad
Detrás de “no tener noticias” hay una red invisible de gracia: salud que no duele, relaciones que no se rompen, techo que no se cae, paz que no se interrumpe. Son dones tan cotidianos que los damos por sentados. Pero millones de personas en el mundo darían todo por un solo día sin malas noticias.
La ausencia de caos no es mediocridad. Es un logro colectivo y personal que merece ser celebrado en silencio.
Cómo honrar los días sin noticias
No necesitas hacer nada espectacular. Solo necesitas reconocerlo. Aquí un ritual sencillo:
El “Ritual de la Gratitud por lo Ordinario”
- Al final del día, pregúntate: “¿Qué no pasó hoy que podría haber pasado?”
- Escribe una respuesta: “Nadie enfermó”, “No hubo malentendidos”, “Todo estuvo en calma”.
- Respira profundamente y di: “Hoy fue un buen día. Porque no necesitó ser más que esto.”
La paz no es lo que falta. Es lo que ya está.
No necesitas esperar a que el mundo se calme para encontrar la paz. La paz ya está aquí, en los días sin noticias, en las mañanas sin sobresaltos, en las noches sin angustia. Solo necesitas dejar de buscar lo extraordinario para ver lo extraordinario en lo ordinario.
Conclusión: Celebra el silencio
La próxima vez que alguien te diga “¿Alguna noticia?”, y tú respondas “No, nada nuevo”, sonríe por dentro. Porque en ese “nada” vive la vida en su forma más honesta, más segura, más humana.
No tener noticias no es vivir a medias. Es vivir en plenitud, sin ruido, sin máscaras, sin urgencias falsas.
A Yoly,
que sabe que los mejores días no se anuncian.
Se viven en silencio, con el corazón tranquilo.
Gracias por recordarnos que la paz no hace ruido.
